Caminas sin dirección, no entiendes por qué tu cuerpo no puede rosar con el de ella, te has muerto pero no sientes dolor, ¿a caso tendrías que sentirlo?, estás muerto. No comprendes y confundes a la incertidumbre con nostalgia al no poder brindarle en un abrazo un poco de consuelo.
Nada es como te lo relataron, la diversidad de luces proviene de las velas y se opaca con las lágrimas de los que rodean tu cuerpo para velarlo. Al parecer tu recuerdo no te permitirá brillar junto al resto de los astros de la noche en el oscuro firmamento, no es que seas indigno del descanso eterno, sucede que todos te recuerdan y la tristeza que los invade es tan fuerte que te mantiene en ésta realidad por un tiempo más.
Es difícil no poder comunicarte con ellos y seguir aquí, alguna vez te hablaron del manejo de energías en la tierra, pero poco te importó, ya que tu fe te aseguraba un lugar en uno de los paraísos prometidos en tantas religiones.
Mientras buscas algún ángel que te explique, la muerte divisa tu ser. No es tétrica, no es calaverica, no es fea pero tampoco es hermosa, es, es... ¿Es como tú!
Tiene tu aspecto porque tú eres el muerto, ¿tiene sentido esto? Qué importa si tampoco te escucha.
¿Cómo contarlo? ¿Cómo compartirlo? ¿Cómo despedirte por última vez? ¿Cómo saber que será la última vez que estés al rededor de ella si ella tampoco está ahí?
Te moriste ayer y ella muere hoy, que terrible es entender en estas circunstancias que el tiempo no es una simple herramienta de medición de la vida, sino que además, es la barrera que te impide encontrarla y amarla en esta extraña dimensión.
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