Soñé con ser el polvo que cubriera el presente trágico de nuestra realidad, por un momento imaginé que cubría la aspereza de los conflictos culpables del hambre y la destrucción del medio ambiente, en verdad deseé que la guerra fuera sepultada por el olvido de un nuevo comienzo.
El soñar pareciera la simple y vaga reproducción de falsos escenarios, la cara bonita con la que nuestra mente nos seduce cuando hay problemas o simplemente somos felices, pareciera que con soñar no producimos cambios reales porque no conectamos nuestros sueños con la realidad. Se nos advierte desde pequeños a ser realistas y dejar de imaginar cosas que no sucederán, realmente no suceden porque no somos capaces de admitir que como soñadores, somos tan consientes de la realidad que nos molesta, que nos preocupa y que nos mantiene constantes.
No nos damos cuenta de que los sueños lejos de ser la reproducción de un mundo de magia caricaturesco, son el escenario pleno donde proponemos. Es cierto, la fantasía juega un papel importante y es culpable quizá de que omitamos los actos de terceros, pero no por eso, soñar debe ser concebido como un esfuerzo vago de nuestra inconformidad.
Soñar, es el principio de cambiar y constantemente cambiamos por el simple hecho de que no somos seres estáticos. Soñar es un derecho que narra perfectamente Eduardo Galeano y que con mucho gusto les comparto.