Tuve la oportunidad de asistir a la marcha del 2 de octubre con los compañeros brigadistas de Acción Revolucionaria. Fue gratificante ya que no pertenezco a dicha agrupación y poco les importó, ya que se mostraron amables y no tardó mucho para que me sintiera uno de ellos.
No había podido visitar Tlatelolco, y contemplar el escenario de aquella masacre que tenemos tan presentes muchas generaciones y que difícilmente podrá ser borrada por el paso de la modernidad.
En ésta marcha me hizo falta ver a las autoridades para que el ejercicio de réplica y manifestación, valga realmente la pena. Es cierto que el mensaje también va dirigido a la sociedad que cada vez se vuelve más temerosa con la represión y extorsión por parte del crimen organizado, y de los órganos que resguardan supuestamente nuestra seguridad, como lo son la policía en sus tres niveles, el ejército y la marina.
El espíritu de la juventud del '68 siempre ha estado presente, y como en aquella ocasión, el gobierno federal brilló por su ausencia y por su eterno caso omiso a las demandas de lo que realmente necesitamos los gobernados.
Por supuesto que se necesitan mucho más que una manifestación para producir cambios, pero el haber asistido, me permitió darme cuenta de que somos muchos, quizá no los suficientes, pero sí los necesarios para avanzar del discurso a la práctica.
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