miércoles, 2 de noviembre de 2011

El culto a la muerte en la visión de los aztecas








La muerte dentro de las culturas prehispánicas, comprende de un ritual maravilloso que explica el siguiente paso en el equilibrio cósmico al cual pertenece el ser humano. En esta cosmogonía, el hombre pertenece a la tierra, y somos producto de los dioses que se asimilan con los fenómenos naturales, sin embargo, la muerte será un ejercicio diferente y único para cada uno de nosotros.
De acuerdo a la forma en que morimos, depende el inframundo al que le corresponde ir a nuestra alma, si se muere como consecuencia de alguna enfermedad derivada con el agua, ahogado, o por la descarga de un rayo, se es digno ir a descansar al Tlalocan, resinto sagrado resguardado por el dios Tlaloc; si nuestra muerte es de otro tipo, nuestra alma tiene que recorrer el Mictlan en forma de espiral que resguarda finalmente el señor de los muertos, el gran Mictlantecuhtli y su esposa Mictecacihuatl, por eso es importante el culto a través del altar y el entierro del difunto con ciertas pertenencias, todo lo distribuido por nuestros familiares en el entierro y en el altar, servirá de peaje en el inframundo. Si se es guerrero o una mujer muere en el parto, su lugar de descanso es el Ilhuicatl Tonatiuh o camino del sol, finalmente, para las criaturas que no nacian vivas, retornaban al Chichihuacauhco, donde se encontraba el árbol amamantador.
En cuanto a nuestro cuerpo, la muerte y la vida son procesos que lo ocupan como semilla generadora de más vida en la tierra y todo lo que le rodea (la naturaleza)  y como la semilla generadora de nuevas generaciones.
Por eso algunas de las edificaciones prehispánicas, además de seguir una estructura en espiral más que piramidal, representa en cada estructura, el cimiento de una generación, creciendo en la infinidad de los tiempos.
Independientemente si existen o no el cielo o el infierno, algo indiscutible de la esencia de los pueblos prehispánicos, es la trascendencia de la vida después de muertos. Mientras en occidente se buscaba la fuente de la eterna juventud y dar el trago al elixir de la vida eterna, los aztecas que heredaron gran parte de este ritual y de estas creencias a otras culturas antecesoras, nos demostraron que el recuerdo que mantienen los vivos por los muertos, es el camino a trascendencia entre los tiempos, pues aunque en lo físico no se esté presente, la esencia de los recuerdos nos mantiene vivos. 


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