Me transporto a través de mis sueños, mi barca es la memoria y mi destino son los recuerdos.
Emprendo la aventura y contemplo en cada parada de mis recuerdos, a personas que me han acompañado en otros viajes y por supuesto en otros tiempos. Es gratificante darme cuenta que la vida, es una experiencia plena en la que prevalecen más los buenos momentos que el tormento de lo que pudieran denominarse como fracasos.
Hago lo posible por no varar demasiado tiempo en cada isla de mis lagunas mentales, de lo contrario, mi tiempo presente dejaría de alimentar ésta dimensión y me volvería un naúfrago a la deriva de la cordura.
Se iza la vela con rumbo al futuro, donde la desviación imaginaria me seduce con desdeño al archipiélago de mis sueños. Allá, donde la realidad es vaga y los resultados no son óptimos, pues las consecuencias se rompen como las olas del mar, sin generar tempestad alguna.
A lo lejos, en la inmensidad de mi mente diviso el ocaso de los recuerdos impenetrables de mi ser, provocando en mi la incertidumbre por surcar esos mares, es un viaje del que no me garantizo retorno alguno. Postergo mi ambición ante la esperanza de que nuevos recuerdos logren acercarme un poco y conocer lo que rodea a la penumbra de mi olvido.
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