El lunes de esta semana mientras me dirigía a mi casa después de las actividades escolares, tome la ruta Santa Martha como de costumbre y porque no tengo otra alternativa de viaje más rápido a pesar del tráfico en periférico.
En fin, el recorrido trascendía normal, cuando sin darnos cuenta en medio del tumulto de gente que viajábamos mal acomodados, se subieron dos sujetos decididos a no cargar con la presión del tráfico y mas o menos a la altura de Perisur, estos dos tipos quisieron alivianar el viaje con la presencia de una "mona" de papel higiénico con fragancia de tiner No 5.
La dama era estrujada para absorber su esencia en las fosas nasales y la boca de cada individuo, tal acto de pasión entre la mona y estos individuos me revolvió el estomago y no porque sea yo moralista, sino por la poca decencia con la que era tratada la dama. En medio del ritual que tornaba a convertirse en un malestar colectivo, uno de los tipos con actitud brava exclamó ante la incomprensión de los pasajeros —¿No les gusta? La tiro pues — ante la mirada atónita de todos, ¡la tiró!
Pocas veces en la vida he visto gente con tanta determinación sin contar con sus cinco sentidos, y lejos de juzgar a este personaje que cada día tiene menos neuronas, tengo que aceptar que fue el héroe de la noche.
Ya por vaqueritos y con el bajón presente, los acompañantes de la mona repartieron chetos a todos los pasajeros esperando que los acompañaran en la continuación del ritual.
Caray, tipos como estos son los que hacen sorprendente el zoológico urbano de la modernidad, mientras se discrimina a la gente por su forma de vestir y andar, a este par de individuos se les respeto por la razón de no generar un conato de bronca y nos tuvimos que fumar el olor a tiner, en esos momentos desee estar oliendo al canal de Chalco que me produce menos nauseas pero en fin.
Los estereotipos que se han creado con la vestimenta de las personas, pudieron más que el sentido común.
Hoy queda como una curiosa anécdota de mi estancia por está ciudad, y admito que fue más divertido que el incidente del día siguiente en el que la chofer (mujeres a la cocina de verdad, no es machismo) no calculó bien su espacio y en medio de la tranquilidad nos estampo con otro camión. Llegue a mi casa temblando ante un incidente menor al del día anterior, considerando que el día de la mona llegue con nauseas, pero admito que dormí muy bien.
jajaja, esto quedare en "las memorias del abuelo; una guía para la vida de los nietos"
ResponderEliminarAwebo, lástima que no podré enseñarlos a monear porque estaré algo vejete
ResponderEliminarjajajajajaja de lujo!!!
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